El desplazamiento por el clima en México será importante

Cambio climático obligará al desplazamiento de un tercio de los mexicanos, alertan especialistas

Fecha de Publicación
: 01/05/2017
Fuente: Proceso (México)
País/Región: México


¿Dónde reubicar a millones de veracruzanos, tabasqueños y originarios de Campeche cuando el mar sumerja las costas mexicanas, lo que debería ocurrir en pocas décadas?
La pregunta la hace José Clemente Rueda Abad, secretario técnico del Programa de Investigación en Cambio Climático (PICC) de la UNAM, según el cual la humanidad, al observar la inminencia del desastre, pasó de la apatía ante el cambio climático a un estado de “estrés pretraumático”.
En los próximos 30 años los efectos del cambio climático –el incremento del nivel de los océanos y la multiplicación de los desastres naturales, entre otros–, obligarán a 35% de la población de México a desplazarse, acelerarán la pérdida de la biodiversidad, mientras se reducirá el nivel de lluvias en el norte y el sur del país, con consecuencias nefastas sobre los cultivos.
De realizarse el escenario “promedio” del cambio climático, que prevé un incremento de la temperatura de 3°C a nivel global en el 2100, las costas de México recularían unos 200 kilómetros, con lo que todas las ciudades costeñas y sus puertos quedarían inmergidos, así como inmensas zonas agrícolas.
En un “escenario terrible”, en el que la temperatura se incrementaría en 6.4°C en 2100, desaparecería 99% de la biodiversidad, el mar subiría hasta invadir franjas de 450 kilómetros de territorio mexicano, de las costas hacia el interior, entre ellos el centro del país.
Estos escenarios no son de ciencia ficción: derivan de estimaciones del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), cuyas proyecciones climáticas realizadas en años anteriores resultaron certeras.
Si los polos norte y sur llegaran a derretirse durante los meses de verano, entre 49 y 68% de la población de Centroamérica tendría que desplazarse, y muchos de ellos no tendrían otra opción que emigrar hacia el norte, a México. “Imagínense, si el gobierno actual no puede con los 117 millones que vivimos aquí”, subraya Rueda.
“Desde 1997 sabemos que la región del Golfo de México va a ser la más afectada por los efectos del cambio climático”, sostiene. Y agrega: “Hay que pensar a futuro, anticipar qué tipo de material se necesitará para construir viviendas en un entorno modificado por las nuevas situaciones climáticas”.
Antes de llegar al 2035, la temperatura anual promedio en la Ciudad de México y su Zona Metropolitana habrá aumentado 3°C en comparación con el año 2000. En la ciudad de León, en Guanajuato, la temperatura creció 8°C desde los años 50. Enrareció el agua, se taladraron 50 mil árboles y avanzó la desertificación.
En Hermosillo, Sonora, a partir del mes de mayo las temperaturas suben hasta 50°C y, si no fuera por el clima artificial creado con el aire acondicionado, no habría manera de sobrevivir para su millón 800 mil habitantes.
Y en los últimos 17 años consecutivos, las temperaturas globales de un año rompieron el récord del anterior. Así, 2016 resultó el año más caluroso que la humanidad haya registrado desde que fabricó las herramientas para medir la temperatura.
En los últimos 60 años, la temperatura anual promedio en el planeta se incrementó 0.86°C, con variaciones fuertes según las regiones. Así, en algunas zonas de los polos se incrementó la temperatura hasta 30°C, lo que provoca el deshielo del permafrost e incrementa el nivel del mar.
“Ya no se trata de saber si va a pasar algo o cuándo, sino dónde”, planteó la académica Deysi Jerez Ramírez, también integrante del PICC. Según la geógrafa, los mexicanos deben profundizar sus conocimientos topográficos del país para no construir asentamientos humanos en sitios vulnerables ante los desastres naturales.
También acota que, además de las estrategias de mitigación de emisión de gases de efecto invernadero (GEI), la humanidad tiene que elaborar planes para adaptarse a los efectos del cambio climático que ella misma provocó.
“Estabilizar la emisión de GEI se debe hacer ya, porque sus efectos son irreversibles”, insiste Jerez.
Según la colombiana, el problema del cambio climático no radica en la falta de educación o en las malas prácticas de los individuos, sino en el modelo económico actual, donde pocos actores económicos se benefician de las emisiones y la contaminación.
Rueda deplora que, desde las primeras reuniones internacionales sobre el clima, en 1979, los científicos fueron sustituidos poco a poco por actores financieros y políticos, y por representantes de empresas transnacionales, quienes elaboran sus “soluciones” al fenómeno con base en costos y oportunidades de ganancias.
“El sistema liberal nos metió en este esquema y pretende sacarnos con las mismas recetas”, dice al añadir que las teorías económicas tradicionales, desde el liberalismo hasta el marxismo, nunca plantearon los impactos ambientales del sistema de producción humano, ni que la naturaleza pudiera acabarse.
Desde 2015, las Naciones Unidas incluyeron el componente de cambio climático en los Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden alcanzar en 2030, y en el Acuerdo de París, firmado el año pasado, los países se comprometieron a limitar sus emisiones de gases de efecto invernadero para que la temperatura global no rebase los 2°C.
Rueda asevera que el presidente Enrique Peña Nieto suscribió al Acuerdo de París “sin saber qué firmó”. Explica que el gobierno mexicano se comprometió a reducir sus emisiones hasta 2040 sin tener un plan claro para lograrlo.
La improvisación de la administración se ve reflejada en un dato contundente: Existen actualmente cuatro distintos compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para los próximos 40 años.
México es el onceavo emisor de gases de efecto de efecto invernadero en el planeta. La mayor parte de las emisiones provienen de los sectores energético, transporte y construcción, pero también de la industria, la agricultura y los desechos.
La raíz del cambio climático, añade el académico, no radica en la demanda, sino en los productos que se consumen.
Un popote, por ejemplo: el plástico necesario para fabricarlo proviene del petróleo, y mientras su tiempo de vida útil no rebasa los 15 minutos, el tiempo de consumir una bebida, el plástico tarda 500 años en degradarse.
“No sé si la solución sea salir del planeta para joder a otro”, acota.
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